¡Que el uso excesivo de pantallas no les quite su capacidad de asombro!

¿Recuerdas cómo te emocionabas cuando salías a jugar con tus amigos, y a pesar de que hubiera días en los que no tenían idea de qué hacer, se les venían a la mente cosas asombrosas, que hasta se sorprendían de haber creado un juego tan divertido de la nada?


Me imagino que no ha de ser difícil recordar qué tipo de juegos o actividades hacías cuando eras pequeño. Pero, ¿te has dado cuenta que tus hijos están perdiendo este tipo de imaginación por el uso excesivo de pantallas, y sobre todo ha disminuido su capacidad de sorprenderse como tú lo hacías?

Hoy en día, todo niño ha recibido mucha más información que cualquier otro humano de mayor edad en los últimos años.


Ello gracias a que tan sólo con un click, pueden acceder en segundos a gran cantidad de contenido en Internet. Tienen a su alcance toda la información que deseen conocer: imágenes de insectos, videos de cualquier punto de la tierra, secuencias reales sobre intervenciones quirúrgicas que, para ser sinceros, nosotros a su edad ni siquiera hubiéramos podido imaginar ver, y que nuestros hijos encuentran con tan sólo unos cuantos movimientos.


Gran cantidad de imágenes estallan en datos multicolores y permiten que los niños tengan acceso a conocimientos tan vastos que su manejo resulta sumamente complicado.


¿Te ha pasado que, al encender la televisión te encuentras con imágenes altamente explícitas y violentas que los niños observan tan tranquilos como si no hubieran visto nada? Es sorprendente su actitud receptiva hacia este tipo de contenido y por ello es muy importante mantenerse al pendiente de la información que ellos están recibiendo.


Un “tiempo libre”


Entre la progresiva presencia de la tecnología en sus vidas, los deberes cotidianos y las actividades extra que como padres los impulsamos a realizar; los niños se ven en la necesidad de arreglárselas de manera que les dé tiempo de cumplir con sus tareas y tener un rato para socializar y divertirse.


Esa urgencia por cubrir mucho en poco tiempo, los lleva al multitasking, que es realizar dos o más actividades al mismo tiempo. Pareciera que la sobreestimulación va cobrando cada vez más espacio en la mente de nuestros niños mientras que la imaginación se va arrinconando en el ático.


De acuerdo a estudios realizados por el grupo de investigación Neuroplasticidad y Aprendizaje, de la Universidad de Granada (UGR), la sobreestimulación puede afectar el aprendizaje. Suena irónico, ¿no? ¿Pero cuál es la causa de ello?


Los estímulos excesivos pueden llegar a actuar como una droga, es decir, llega un momento en el que los ya no generan la misma satisfacción, por lo que es necesario aumentar la dosis.


Esta es justo una de las razones por las que algunos niños no toleran hacer lo mismo por mucho tiempo, ya que sus períodos de atención son cada vez más cortos, lo que los lleva a distraerse con facilidad. Por ello, resulta más complicado llamar su atención y es más fácil que prefieran utilizar los aparatos. Pero entre menos atención prestan a su entorno, menos sensibles se vuelven a él.


¿Qué puedo hacer para contrarrestar esta conducta?


Puede parecer algo paradójico, pero sí, necesitamos más que nunca que los niños y niñas tengan tiempo para aburrirse. Necesitamos que tengan tiempo todos los días para llevar a cabo actividades que no estén previamente estructuradas, organizadas y controladas; por ello te recomendamos lo siguiente:


Crea actividades en donde usen su imaginación, para que así se puedan motivar a su mente y poder jugar de otra manera sin necesidad de usar un aparato electrónico:


● Deja que tus hijos jueguen como lo hiciste tú o como lo hacían tus papás, armen un avión con cajas o, ¡hasta un robot! ...Y salgan al patio e inventen historias, o simplemente proporciónales una cobija que sirva de techo de una casa, de una alfombra mágica o una capa de súper héroe; te aseguro que harán en minutos creaciones maravillosas.


● Reduce el uso de ordenadores, tablets o teléfonos móviles a la hora de irse a la cama. El sueño es fundamental, y el cerebro necesita un tiempo para volver a la normalidad tras los estímulos recibidos durante el empleo de estos aparatos.


● Pon mucha atención a comentarios, preguntas y observaciones que tu hijo te haga. Nada de lo que dicen es superficial, aunque en un principio podamos no entender lo que están intentando decirnos.


● Supervisa lo que están viendo. Ponte a prueba y revisa si puedes ver un capítulo completo de aquello que está viendo tu hijo y revisa si hay algún cambio en el estado de ánimo de tu hijo después de ver este programa.



“Con tanta estimulación, tanta invasión de ruidos ajenos, ahogamos el asombro necesario para que el niño y luego el adolescente puedan interiorizar los aprendizajes, profundizar en los conocimientos, escuchar, acoger, estar atentos a las necesidades ajenas, mirar a los ojos, pensar en las consecuencias de sus acciones, discernir, ponderar, reflexionar sobre el sentido de lo que se hace… Para dar marcha atrás, este niño o este adolescente debe reencontrarse con el silencio.”

-Catherine L’Ecuyer (Educar en el asombro)-

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