Hotel Transilvania 3: Monstruos de vacaciones


Análisis


Un merecido descanso y unas vacaciones en familia es lo que Mavis, hija de Drácula le regala a su querido padre. El atropellado vuelo directo al triángulo de las Bermudas para de ahí zarpar en un espectacular crucero destino a Atlantis.



Ésta peculiar aventura comienza cuando Drácula se enamora de Ericka, capitán de la embarcación. Sin embargo ella tiene otros planes, y manipulada por su bisabuelo Van Helsing, gran archienemigo de Drácula, tratan de terminar con su vida a toda costa. Obedeciendo a su bisabuelo, Ericka se sumerge en las profundas aguas del océano para liberar un secreto que les ayudará a terminar con todos los monstruos; pero Mavis descubre su malévolo plan y persigue a su padre para ayudarlo contra las fuerzas del mar.


Más allá de intentar terminar con los monstruos del crucero, Ericka comienza a enamorarse de Drácula en una romántica y accidentada cita. Es ella, junto con Mavis y su familia quienes terminan con la venganza de Van Helsing. Así es como el amor y la familia siempre vencen.


Una cómica y divertida película animada en su tercera entrega, “Hotel Transylvania 3: Unas


Vacaciones Monstruosas” nos lleva a rescatar el valor de la familia. Así que más allá de la malévola intensión de Van Helsing, por terminar con la vida de Drácula y la de sus amigos monstruos, el trabajo en equipo juega un papel importante dentro del filme. En un contexto animado, hay algunas escenas sugiriendo consumo de alcohol y una conducta sexual implícita, no impiden que sea una película para toda la familia. Y al final, aquellos valores de familia, honestidad y amor son reforzados frecuentemente.

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